Las zonas erógenas son aquellas más sensibles a la excitación o que nos producen la misma.

Aunque cada persona disfruta de su cuerpo de una manera  diferente, no se han encontrado diferencias en cuanto a edad, raza, sexo, cultura, ni a su orientación sexual, al elegir sus zonas erógenas.

Por supuesto, la historia personal influye en nuestro proceso de erotización corporal, sin embargo, y aunque nos resulte sorprendente, hasta las diferencias entre mujeres y hombres, aunque existan, son mínimas en este sentido. Los hombres consideran más eróticas las manos que las mujeres, por ejemplo, y a las mujeres les ocurre con las corvas o parte trasera de las piernas, aunque estas zonas no ocupen los primeros puestos en la clasificación de zonas erógenas.

El equipo del profesor Turnbull apuntó al área responsable de la percepción al tacto, las emociones y la empatía, la corteza insular o ínsula, como la responsable de determinar las zonas eróticas, por su representación en el cuerpo y su función en la experiencia subjetiva emocional.

Las zonas más erógenas

Según un estudio entre mujeres y hombres, en relación a su intensidad erógena, estas serían nuestras zonas más erógenas:

Las elegidas por ambos serían: los labios, el cuello, los pezones, la cara interna de los muslos, la nuca y las orejas. Lo que demuestra que existe un notable nivel de correlación entre hombres y mujeres.

Para ambos, los genitales, clítoris y vagina en el caso de las mujeres y pene y testículos, en el caso masculino, se sitúan a la cabeza del ranking erógeno.

Del resto del cuerpo, son los labios los mejores valorados por su capacidad erógena por ambos sexos. Tendría su lógica, al ser una de las zonas que se activan en los primeros acercamientos sexuales, a través del tacto a través de los besos, de ahí su alta implicación en la activación del deseo y la excitación sexual humana.

Las zonas erógenas olvidadas

También existen muchas otras zonas que producen excitación. De hecho, todo nuestro cuerpo es erotizable y no solo presentamos terminaciones nerviosas por toda nuestra piel sino que activación sexual se ve influida por la cultura erótica individual, nuestra historia sexual y las experiencias personales.

El cerebro, es el responsable de nuestra excitación. Tener una concepto positivo de la sexualidad y el placer, unido a la relajación, a desear y consentir ese contacto, serían suficientes para conectar otras áreas corporales, no consideradas tan erógenas por los demás.

De ahí que existan los fetiches o una persona consiga excitarse con la estimulación del tobillo, la muñeca, chupando un dedo de la mano o el pie, o a través de una fantasía.

Otras personas encuentran esta activación a través de la alimentación o gastronomía, o con la actividad física. Puede que unas personas activen su nuca como zona erógena solo si se besa o acaricia, y otras personas lo hagan exclusivamente cuando esta recibe un mordisquito o la estimulación es más potente, por ejemplo. No sólo la zona sino la modalidad de estimulación que hayamos erotizado, puede ser el desencadenante para activación erótica y sexual.